La Antártica

La Antártica es el continente de los superlativos: el más frío, el más ventoso, el que acumula la mayor cantidad de agua dulce, el más aislado del planeta.

Este territorio ofrece las condiciones más extremas para la existencia de la vida. De sus más de 14.000 kilómetros cuadrados, sólo el 0.3% está libre de hielo permanente. Esto se observa claramente en el verano austral, cuando se avistan las puntas de los cerros y las playas descubiertas de nieve en la zona maritima y las islas, que permiten el desarrollo de una rica biota terrestre en parte occidental de la peninsula antártica.

El continente se divide en tres regiones, según su biogeografía: la región subantártica, la Antártica marítima y la Antártica continental.

La región subantártica es la que presenta la mayor diversidad de plantas superiores, también es la que tiene las temperaturas menos extremas.

La región Antártica marítima es donde se hace gran parte de la actividad científica chilena. Tiene un clima oceánico frío, con temperaturas medias de 0°C en los meses de verano y mínimas de -15°C en invierno. Las precipitaciones alcanzan los 350-500 mm por año, parte de la cual cae como lluvia en verano.

La Antártica continental comprende zonas interiores y el este de la Península antártica. Aquí el clima es muy extremo, con temperaturas medias generalmente bajo el punto de congelamiento (con mínimas de -60°C en algunos lugares) y bajísima precipitación (< 100 mm), lo que además la convierte en un desierto muy frío y seco.

En la Antártica el ambiente terrestre se caracteriza por sus temperaturas bajas extremas, aridez, sus días o noches muy largas, sus ciclos de congelación-descongelación, vientos arremolinados, crioturbación del suelo y bajo nivel de nutrientes, sobre todo en los lugares alejados de las pingüineras. Sin embargo, aún bajo esas condiciones, se ha desarrollado una fauna y flora que han logrado sortear los límites impuestos para la actividad biológica.