Cambio Climático

CONSECUENCIAS DEL CALENTAMIENTO SOBRE LA VEGETACIÓN ANTÁRTICA

El último informe del IPCC (Panel Intergubernamental de Cambio Climático) indica «que la evidencia observacional en todos los continentes y océanos muestran que muchos sistemas naturales están siendo afectados por cambios climáticos regionales, particularmente incrementos en la temperatura y cambios en las precipitaciones”.

Uno de los cambios climáticos más estudiados y documentados es el aumento en la temperatura global del planeta, principalmente debido al efecto de los gases invernadero dioxido de carbono (CO2), metano (CH4) y óxido nitroso (N2O), que han aumentado de forma continua (y casi lineal) en los últimos 100 años. Esto a pesar de los acuerdos por acciones de mitigación a los que han llegado los países firmantes desde el protocolo de Kyoto en 1992, y que le han seguido después en una serie de reuniones que se han plasmado en el acuerdo de París, el 2015.

En el acuerdo de París los 195 países firmantes (de 197) se comprometieron a mantener la temperatura promedio del planeta bajo los 2°C respecto de la era preindustrial. Además, se comprometieron a disminuir las emisiones de CO2. Y ya el 2018 se levantó una alerta para mantener la temperatura bajo 1,5°C para asegurar que no se produzcan cambios irreversibles en el planeta. Sin embargo, durante la COP25, en Madrid de 2019, poco se avanzó en los compromisos reales entre los países que provocan la mayor parte de la crisis climática.

Se ha sugerido que entre los ecosistemas más sensibles al cambio climático global están los ecosistemas de alta latitud (desiertos polares del ártico y antártico) y alta altitud (ecosistemas de alta-montaña).

Si bien, el ártico es el lugar del planeta que más claramente ha sufrido con el calentamiento global y cuyas grandes masas de hielo desapareceran definitivamente hacia el año 2030 (o sea, seremos testigos de la desaparición del polo ártico), no es menos intenso el calentamiento global en la Antártica. Sus efectos han salido a la luz pública, por ejemplo, con el desprendimiento de las plataformas de hielo desde la zona este de la Península Antártica.

Durante los últimos 50 años se han registrado una serie de variables climáticas en diversos puntos de la Antártica que demuestran de forma clara un aumento de la temperatura de casi 3°C en la parte oeste de la península antártica, región que alberga la mayor diversidad biológica del continente. Y la temperatura sigue en aumento, lo que, de acuerdo con los modelos climáticos, debiera inducir a un aumento de la humedad, la nubosidad y la precipitación.

Dado las características climáticas en la Antártica, los factores abióticos son los principales determinantes de la estructura y dinámica de las comunidades, por lo que cualquier modificación de éstos, producto del cambio climático global, tendrá importantes consecuencias sobre diversos atributos y procesos tanto a nivel específico como comunitario.

Calentamiento pasivo experimental como herramienta para estudiar las respuestas de la vegetación polar al calentamiento global.

Las primeras evidencias del efecto del calentamiento global provienen de alrededor de 40 años atrás, en los campos del norte de Europa, cuando los campesinos observaron que los frutales florecían una o dos semanas antes de lo usual y que en la tundra ártica donde antes sólo había líquenes y musgos, aparecían poco a poco pastos y plantas nuevas.

En la Antártica es diferente. Las primeras evidencias del calentamiento global provienen de las imágenes satelitales que muestran la disminución de glaciares y grandes plataformas de hielo, como la que ocurrió en 1995, al este de la península Antártica, donde una plataforma del tamaño de Santiago -llamada Larsen A- se separó de la península y comenzó a navegar y desintegrarse. Recientemente, en 2017 hemos sido testigos del desprendimiento de la tercera parte de la plataforma de hielo más grande, Larsen C.

Hoy día es claro que una buena proporción de glaciares y plataformas de hielo de la península han iniciado retrocesos irreversibles que aumentarán el nivel del mar, por una parte, y por otra parte, alterarán los equilibrios de la criósfera, afectando corrientes marinas, la temperatura, el clima y la biota antártica y de forma indirecta, el clima y la biota de nuestro planeta.

Las dos plantas vasculares que crecen en la Antártica han mostrado durante los últimos 30-40 años un incremento de sus poblaciones a lo largo de la península. Estas plantas han colonizado nuevos sitios libres de hielo, ampliando el número y el tamaño de las poblaciones y su distribución.

Para los musgos y líquenes hay pocos registros de tamaños poblacionales, pero las imágenes satelitales también demuestran estos cambios. Las exploraciones que hemos realizado a lo largo de las islas Antárticas muestran que Deschampsia antarctica aumentó el número de sus poblaciones en Isla Robert y que los tamaños de sus poblaciones se desarrollaron aún más en isla Rey Jorge. Además, encontramos una nueva población del clavelito antártico en un área de Bahía Paraíso, en la Peninsula Antártica.

Nuestras investigaciones han demostrado que los musgos son capaces de mejorar la reproducción sexual con un incremento de los esporofitos, que son las estructuras que permiten la dispersión de las esporas. Esta respuesta ha sido observada en musgos monoicos (los individuos presentan ambos órganos sexuales, femeninos y masculinos) como Henendiella antarctica o Bartramia patens, y dioicos (órganos sexuales femeninos y masculinos están en distintos individuos) como Polytrichastrum alpinum. Esto sugiere que el calentamiento global también puede levantar las barreras fisiológicas que imponen las bajas temperaturas, favoreciendo la reproducción sexual y mejorando con esto la variabilidad genética de las poblaciones de musgos y su adaptación al nuevo escenario climático.

Por otro lado, en Antártica no sólo musgos forman parte de la biota terrestre, sino que también no menos importante es la diversidad de invertebrados, que se asocian a los musgos y a los líquenes y que forman parte de la trama trófica simple del desierto gélido. Estos organismos también sufren cambios con el aumento de la temperatura, lo que también generará otros efectos en los ciclos de nutrientes del ambiente Antártico. Sin embargo, sobre esto hay muy pocos estudios todavía.

Claramente, la Antártica es un laboratorio natural, que ofrece muchas posibilidades para el desarrollo de investigaciones que aporten a descubrir el enigma de las especies que han logrado colonizarla.