Expedición Científica Antártica N°52/2016

Durante la Expedición viajamos desde el Puerto de Punta Arenas a Península Fildes, en la isla Rey Jorge, del Archipiélago Shetland del Sur. Nos embarcamos en el buque de la Armada AP-41 Aquiles  el 10 de febrero. En esta ocasión participaron mis colegas de la Universidad de Portland, Dr. Todd Rosenstiel, y la estudiante de doctorado Hannah Prather.

El viaje para llegar a la parte norte de la Península Antártica dura al menos tres días y puede ser muy agradable, con días soleados donde uno se encanta con los icebergs que navegan a mar abierto; con una grandeza imponente;

Sin embargo, no menos preocupante es el mensaje de que la mayor reserva de agua dulce del planeta está peligro, que sus hielos se destrozan y que tenemos que hacer algo para detener el cambio climático.

Los colores del cielo cambian a medida que el día avanza, y a medida que nos acercamos a la Antártica, donde en el verano los días prácticamente duran 24 horas y las noches sólo son atardeceres.

La isla Rey Jorge es una de las primeras que se encuentran en la parte norte de la Península Antártica, allí se localizan una serie de bases científicas y militares que, de acuerdo al Sistema de Tratado Antártico, están apoyando la labor científica. En las islas hay pocas áreas libres de hielo, que es donde se encuentra la mayor biodiversidad terrestre. Una de ellas es la zona de Bahía Almirantazgo y la otra corresponde a Potter cove, Península Fildes e Isla Ardley, y Barton Península.

Los glaciares de la isla han comenzado a perder masas de hielo desde hace más de 40 años, uno de los puntos en que se puede observar este retroceso es el glaciar llamado DOMO Bellingshausen, el cual se pronostica que desaparecerá en unos 200 años.

El ambiente terrestre es bastante escarpado, con cerros y muchas pendientes, así como pequeños lagos y lagunas interiores. El agua fluye en los días soleados desde los glaciares al mar. En días con tormentas de nieve, lo líquenes aprovechan el agua que aporta la nieve que se descongela lentamente.

En la morrena del DOMO estamos haciendo estudios de calentamiento pasivo sobre comunidades de líquenes y musgos. Estos estudios comenzaron como parte de una colaboración con el grupo de la Dra. Sarah Eppley y Dr. Todd Rosenstiel en el marco de un proyecto de la NSF y nosotros.

En la morrena del glaciar se aprecia el permafrost, que es parte del suelo o tierra congelada y parte original del glaciar. Año a año, se descongela y pasa a formar tierra madre, que lentamente se enverdece a medida que la vegetación avanza.

El suelo en la isla es mineral. Aquí no existe esa capa de suelo orgánico que se forma por acción de las plantas y que es tan característico en los suelos boscosos de la Patagonia. Aquí no se observa ese color negro característico de la materia orgánica de suelos boscosos o agrícolas. Este suelo, además, se seca por acción del viento fuerte y los días de sol, debido a que no hay material vegetal que lo proteja y que ayude a retener el agua.

Los líquenes aparecen en muchos lugares rocosos en las islas donde se posan y descansan las aves marinas. Estos lugares se colorean de naranjo y ofrecen contrastes al típico blanco y azul del paisaje antártico.